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Manolo Rechi delante del paso de la Soledad de San Buenaventura en el año2004 en la c/ Zaragoza |
A MI PADRE
Cuando en una casa se vive todo el año la Semana Santa tienes dos opciones: o te gusta la semana santa o te gusta la Semana Santa. Mi casa como la de tantos sevillanos fue una de esas. Desde pequeño, yo me acostaba siempre con el regustito de haber visto a mi padre y a mis tíos sacando un paso en Semana Santa; recuerdo que por la mañana, al levantarme, toda la casa estaba impregnada de olor a incienso y a flores, el traje negro colgado en la percha, eso si, con sus respectivas manchas de cera de la noche anterior y el olor a incienso impregnado, tanto, que envolvía toda la casa. Yo desde la cama entre sueños sabía cuando mi padre había vuelto. Siempre una flor del palio del día en ese vasito de agua. Como cualquier niño sevillano nacido en un seno cofrade, jugaba a los pasos con la silla en la cabeza, con marchas de Semana Santa en el cassette de entonces, por supuesto con la respectiva regañina de tu madre ¡que pesadito eres con lo mismo! ¡Juega a otra cosa hijo!, pero para mi no era un juego, era hacer toda la carrera oficial con todos los pasos de Sevilla ¡que ilusión!
Pensaba que cuando podría yo estar con él sacando un paso. Con esa ilusión me acostaba todas las noches, con ese recuerdo en la retina de ver venir ese paso andando hacia mí y mi padre a mi lado. Tuve la suerte de haber vivido ese sueño, de estar con él al lado, con mi padre, con mi maestro, sacando un paso, ese sueño siempre soñado, ese sueño de un niño que quiso ser mayor para estar el máximo tiempo con él viviendo ese momento y lo viví. Pero como a cualquier hijo, siempre que te falta un padre todo el tiempo vivido junto a él te parece sólo una corta chicotá, se te quedan tantas preguntas, tantas dudas, tanto que aprender...
El 4 de abril del 2008 se marchó a dar su ultima chicotá al lado de sus hermanos Pepe, Antonio, y Luís que desde el cielo estarán haciendo sus igualás, sus traslados, sus cuadrantes con sus costaleros de toda la vida y desde aquí, desde el lugar donde ellos me forjaron como hombre y en especial mi padre, que me enseñó el camino hacia ella, la que nunca te mira, pero te escucha, desde la madurez yo sigo recordando ese olor a incienso de esos amaneceres de semana santa en la casa de un capataz.
GRACIAS PADRE POR DEJARME VIVIR MI SUEÑO.
Tu hijo,
José Manuel Rechi
(Articulo editado en el boletín de la Hdad. de la Soledad de San Buenaventura. En la Cuaresma 2009)